Pociones y hechizos de amor: cuando Cupido necesitaba ayuda

pociones y hechizos de amor

El amor, esa fuerza imparable que mueve al mundo… y que a veces nos deja buscando soluciones desesperadas como rituales, pociones y hechizos de amor. A lo largo de la historia, muchas personas han tenido la brillante idea de acudir a hechiceras y curanderas para intentar conquistar a su crush medieval o salvar un matrimonio que se tambaleaba más que un taburete cojo. Porque, si en algo ha sido constante en la humanidad, además del pan y el vino, es en la búsqueda del amor.

Hoy te traigo un recopilatorio de algunos de los hechizos de amor y pócimas más populares a lo largo del tiempo, junto con la fascinante (y un poquito surrealista) dinámica de recurrir a estas expertas del amor alternativo.

Hechizos de amor… ¿cebolla, saliva y uñas?

  1. La pócima del vino especiado: en la antigua Grecia y Roma, una pócima infalible para atraer el amor consistía en mezclar vino con miel y algunas hierbas «misteriosas» (seguramente romero, menta o algo que quedase en la despensa). Luego se daba de beber al objetivo de la pasión. ¿Resultado? Bueno, si no surgía el amor, al menos la cena tendría buena pinta.
  2. El hechizo de la cebolla bajo la almohada: durante la Edad Media, era común que una joven soltera colocara una cebolla pelada bajo su almohada. La teoría decía que soñaría con su futuro esposo. Ahora bien, no sabemos si lograban soñar con su amor o con sopa de cebolla, pero en cualquier caso el sueño olería fatal.
  3. El clásico amuleto de pelo: las brujas aconsejaban atar un mechón de tu cabello con el de la persona deseada y esconderlo en un lugar secreto. Esto simbolizaba la unión eterna. Solo que nadie te contaba qué hacer si el amado descubría el mechón en su zapato y salía corriendo del susto.
  4. El filtro de amor medieval: esta receta era más avanzada. Se mezclaban pétalos de rosa, pétalos de amapola, vino tinto y (prepárate) gotas de sangre menstrual. Sí, lo sabemos: hoy en día sería difícil venderlo en una coctelería hipster.
  5. Piedra de caramida: El truco consistía en frotar un trozo de esta piedra por la ropa al crush medieval, tal como lo explica una de las protagonistas de Por bruja y hechicera , y así lograr que ese amor platónico no quisiera alejarse de tu lado (¿relación tóxica a la vista?). En plan: «tienes una pelusa en el jubón» y aprovechar para refregarle la caramida como quien unta mantequilla al pan.

Visitas a las «maestras del amor»

La gente acudía a las llamadas brujas o curanderas no solo por estas pociones y hechizos de amor, sino también para vengarse de un ex o asegurar la fidelidad de su pareja. Imaginamos a estas mujeres viviendo solas en los márgenes de las comunidades, rodeadas de misterio, gatos y hierbas secas colgadas de las paredes. Pero la supuesta bruja también podía ser la vecina de al lado, sin ir más lejos. Para gustos, los colores.

La escena típica incluía al cliente desesperado rogando por una solución, mientras la bruja removía calderos y le daba consejos que hoy bien podrían ser slogans de Instagram: «Confía en la energía del universo, pero añade romero, por si acaso.»

¿Funciona o no funciona el ritual del amor?

Si nos ponemos serios, estas pociones y hechizos de amor tenían tanto éxito como el horóscopo de la revista de la peluquería. Pero su importancia radica en cómo representaban el deseo humano por controlar algo tan incontrolable como el amor. Después de todo, es comprensible: amar siempre ha sido una especie de magia misteriosa, aunque a veces bastante torpe.

¿Moraleja? Si el 14 de febrero te ves desesperado, mejor que el filtro de amor medieval, opta por una novela romántica, chocolate y una playlist. Mucho más limpio y, francamente, con mejor sabor.

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